Hoy en día, las expectativas y criterios para reclutar y promover talento, esconden muchos sesgos de género. De manera inconsciente (o no tanto), la idea de un profesional exitoso está encarnada por un hombre, casado con un ama de casa. Tener éxito es el resultado de una carrera lineal, ininterrumpida y ascendente. Aquí se penaliza cambiar de rumbo profesional, hacer una pausa o buscar modalidades de trabajo más flexibles para conciliar la familia y el trabajo, frustrando de esta manera el desarrollo y las ambiciones de muchas mujeres profesionales.

No es novedad que el crecimiento profesional de las mujeres no va a la misma velocidad que el de sus pares masculinos. En el libro What Works for Women at Work (2014), Joan Williams y su hija Rachel Dempsey exploran los principales sesgos que obstaculizan el avance de las mujeres hacia posiciones de liderazgo y dan cuenta de estos cuatro patrones:

  • A prueba constantemente. En profesiones tradicionalmente dominadas por hombres, las mujeres nos vemos en la necesidad de demostrar continuamente que somos competentes. A veces eso se traduce en la inversión de mucho tiempo de preparación antes de una reunión o presentación, el sentir que necesitamos llevar más cursos de especialización o tratar de emular comportamientos asociados a estereotipos masculinos para que nuestra voz sea escuchada.
  • La cuerda floja. Existe una disonancia entre los comportamientos socialmente esperados en una mujer y aquellos de un profesional exitoso. Socialmente esperamos que una mujer sea amable, alegre, colaboradora, comprensiva, pero en el trabajo estos comportamientos hacen que se le perciba como poco competente. Así rápidamente aprendemos que un profesional exitoso tiene un estilo más directivo y asume riesgos, pero cuando actuamos así se nos critica por carecer de habilidades interpersonales para el trabajo. Ni una ni la otra. Siempre perdemos.
  • La muralla de la maternidad. La maternidad es quizás el mayor detonante de sesgos de género en el trabajo. Las organizaciones asumen erróneamente que ser mamá tendrá un impacto negativo en la competencia y el compromiso de la profesional. Según una investigación realizada por Cornell University (2007), las mujeres con hijos tienen 79% menos probabilidades de ser contratadas y solo el 50% de las mamás trabajadoras son promovidas.
  • La batalla de fuerzas. Esto sucede cuando las mujeres nos juzgamos personal y profesionalmente las unas a las otras, mitigando todos los esfuerzos de avance conjunto.

Y entonces, ¿qué hacemos con todas estas barreras? Aprender y ser conscientes de estos sesgos es un primer paso, pero lo cierto es que necesitamos sumar a todos en el esfuerzo por la equidad.

Primero, necesitamos de nosotras mismas. De una comunidad de mujeres que se acompañen y sepan que no están solas, que todas sentimos miedo y dudamos de nosotras mismas. Necesitamos de esa comunidad para tomar decisiones profesionales valientes, estratégicas y auténticas.

También necesitamos sumar a los hombres en esta lucha, como mentores que apoyen a las mujeres en el trabajo y compañeros pares en el hogar. Compartamos nuestras metas profesionales y armemos juntos las estrategias, teniendo en claro qué queremos priorizar y qué podemos delegar.

Necesitamos el compromiso serio de las organizaciones. No basta con hacer talleres o charlas por el Día de la Mujer. Necesitamos que los objetivos de equidad de género se traduzcan en métricas de negocio que sean monitoreadas para ver avances y ajustar estrategias.

Y, por sobre todo, necesitamos mirar el problema en su dimensión real. Como proponen Williams y Dempsey, “¿Qué tal si cambiamos la perspectiva y exploramos formas de arreglar el sistema en vez de arreglar a la mujer?”. Hoy en día, cuando una mujer rechaza una oportunidad laboral porque siente que no es compatible con criar hijos pequeños, reducimos el problema a un tema de “prioridades personales”. Pero en realidad ese hecho remarca la ausencia de políticas de trabajo más flexibles con una variedad de horarios y líneas de carrera para hombres y mujeres. Siempre preguntémonos qué nos dicen los comportamientos de nuestros colaboradores acerca de nuestra organización, sus procesos y políticas.

Cada 8 de marzo conmemoramos la lucha de las mujeres por participar con igualdad de oportunidades en todos los ámbitos de la sociedad. Que este sea un día para recordar que para lograr la equidad necesitamos de todos.

 

*Articulo originalmente publicado en la versión digital del Diario El Comercio 08/03/2019

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